cebolla blanca

La cebolla blanca

Las cebollas blancas «primerencas», que aparecen en nuestro clima mediterráneo entre marzo y abril, de tamaño pequeño, son las que generalmente se utilizan para las tortillas con huevo.

Hay tres clases en Francia de esta semilla: Merveille, de Pompei y Barletta (origen italiano, pero mejorada en Francia).

Generalmente estas clases se siembran en agosto y septiembre para recogerse precoces en marzo.

Su siembra debe hacerse en almácigos de tierras planas y bien trabajadas, echando abundante semilla en unión con pepinillos, rabanitos y lechugas.

Esta clase de Barleta también se deja hasta el otoño, porque es una de las que se forma y madura (su bulbo) más rápidamente.

La temprana Parisién es la más precoz y la más resistente al invierno, entre las cebollas blancas y activas.

Sembrada al principio de agosto, ya da en abril hermosos bulbos blancos, tardando en espigar.

Hay otra clase, mejorada en el clima parisién, extra precoz, que jamás se congela bajo climas relativamente bastante frios.

Hay otra temprana, llamada de Vaugirad, y la del cuello fino y de poca hoja que aparece muy tempranamente en los mercados.

Tenemos la clase blanca, llamada Reina, que es una bella y pequeña variedad precoz muy recomendable entre las primeras, a la que le sigue en precoz la Berletta.

La blanca temprana de Nocera es un poco más tardía y la cabeza bulbar es más grande.

Otra, la llamada verdadera de París (Vrai de Paris), es más grande que la de Vaugirad, que aparece 15 días más tarde que ésta y se conserva mucho tiempo en la tierra.

Después tenemos la de Vertús amarilla, de gran virtud curativa, y tanto la Bolignay como la de Vertús se siembran en primavera, marzo, y se recogen en otoño.

De las de tamaño grande y blancas, una de las mejores es la de Plato, llamado grande plato de Italia, muy tierna y aromática, bulbos enormes, pocas hojas y que está en tierra de Primavera a otoño, generalmente sale de la tierra.

La de Lisboa, que es blanca, muy redonda, vigorosa y de gran conservación, se cultiva sobre todo para consumir en forma de cebolletas, presentándose como entremés, cruda o cocida, en los buenos hoteles de presentación.

La cebolla cruda cura el alcoholismo y el tabaquismo.

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