pan blanco

El pan blanco en la nutrición

Siempre resulta peligroso aislar los principios que la naturaleza ha asociado en sus productos.

Ciertos elementos, considerados a menudo sin motivo como carentes de cualquier valor nutritivo, son indispensables por el papel, a veces decisivo, que juegan en la digestión y en la asimilación de las substancias nutritivas.

Es una temeridad pretender valorar los componentes de un alimento natural cuando solamente se conocen algunos de los factores y no nos han sido aun revelados los restantes.

Aun cuando se hubiera comprobado de modo irrefutable que esos componentes no presentan ningún elemento reconocido como nutritivo, podrían ocultar ciertos principios vitalizantes que los medios actuales de investigación no permiten identificar.

Compuesto en su mayor parte de almidón y saturado de levadura, por lo general química, el pan blanco no tiene apenas valor nutritivo, está completamente desvitalizado y contribuye, en gran parte, a la formación de abundantes gases.

Al eliminar el salvado, se rechaza el 80% del fósforo y el calcio, así como numerosos fermentos cuya presencia es necesaria para la transformación de los elementos nutritivos y para ciertas operaciones de síntesis.

Además, el salvado es la parte más vitalizada del trigo, ya que es la más expuesta a las radiaciones solares.

Pero lo que sin duda acarrea las mayores y más molestas consecuencias para la salud es la extracción del germen, que suele utilizarse aisladamente, toda la vitamina B del grano de trigo se encuentra en el escutelo, la envoltura del germen (entre el embrión y el cotiledón), y se pierde con el cernido.

Estas carencias de fermentos y vitaminas, a las que hay que añadir las de ciertas sales minerales, obligan al organismo a realizar un esfuerzo redoblado con el fin de asegurar, a pesar de todo, los fenómenos vitales esenciales.

Esta tarea desmesurada no puede ser asumida ininterrumpidamente sin que se produzcan cortes de duración progresiva y sin que las carencias adquieran un carácter grave.

Más vale no llegar a este extremo, en el que puede incluso surgir algún accidente, y comenzar a consumir cuanto antes el auténtico pan.

Recordemos que el pan blanco ya no contiene la tan preciada sílice, y que la carencia de este elemento puede ser causa de deficiencias óseas.

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