dolor de apendicitis cronica

Apendicitis crónica

Generalmente es secuela de un proceso de apéndice agudo que se ha resuelto, pero ha dejado rastros.

También puede ser debida a un proceso que ya inicialmente se presenta como crónico.

En estos últimos casos existe una predisposición y tiene carácter familiar, por lo que la vemos en varios individuos de la misma familia.

Es más frecuente en el sexo femenino y la edad oscila entre los 15 y los 45 años.

Es enfermedad de países civilizados y está influida por una dieta pobre en celulosa.

Tiene predilección por los individuos longilíneos, linfáticos y melancólicos.

Puede favorecer su aparición la presencia de trastornos en otras zonas del tubo digestivo, como el ciego y el colon, las anomalías en tamaño, forma o posición del apéndice.

Algunas veces se trata de formas agudas en su desencadenamiento que luego se hacen crónicas.

En estos casos el ataque agudo ha sido muy leve y ha pasado desapercibido incluso para el mismo paciente.

En los operados el apéndice se presenta, con frecuencia adherido al intestino ciego, al asa sigmoidea o al íleon, puede estar situado detrás del ciego o debajo del hígado.

A veces hay una inflamación de los nódulos linfáticos próximos.

El apéndice es sede de procesos inflamatorios leves que, en ocasiones, sólo interesan la mucosa.

La apendicitis crónica es la mantenedora de trastornos locales a cargo de otros órganos abdominales.

Los primeros están representados por leves episodios inflamatorios que atacan la mucosa o sus adherencias al peritoneo u otras partes del intestino, y los segundos son debidos a reflejos neurovegetativos.

Los estímulos para estos trastornos parten del apéndice, llegan al plexo solar o a los centros vegetativos de la médula y de ahí se difunden, por vía nerviosa eferente representada por el simpático y el parasimpático.

Sintomatología

De esto resulta que los síntomas son muy distintos y pueden dividirse en dos tipos: los locales y los que están a cargo de otras vísceras.

Entre los primeros destaca el dolor, leve, intermitente o persistente, que se acentúa con los excesos físicos o dietéticos y, en las mujeres, con la menstruación.

A cargo de otras vísceras, los síntomas son muy variados.

Puede resentirse el colon y en este caso aparece diarrea o emisión de heces mucosas, generalmente, sin embargo, se presenta estreñimiento.

Pueden producirse, de una forma esporádica, cólicos dolorosos que a veces se siente una sensación de hinchazón o saciedad después de las comidas, náuseas, dolores de cabeza, eructos, acidez, halitosis, lengua sucia, digestiones largas y laboriosas, vómitos.

El mismo mecanismo es capaz de provocar trastornos en la vesícula biliar e incluso en el corazón.

Cuando no existe el recuerdo de un ataque agudo, el diagnóstico puede resultar muy difícil.

Terapéutica

Una buena ayuda la presta el examen radiológico.

La terapéutica de elección es la quirúrgica con la extirpación del apéndice.

Conviene que la intervención se efectúe pronto, para evitar molestias locales y trastornos en otros órganos que pueden llevar a la depauperación y, en algunos casos, al reagudizarse el proceso crónico.

En el caso de que existan contraindicaciones para la intervención (individuos con otras enfermedades o afecciones graves) puede seguirse una cura médica.

En este caso hay que mantener una dieta ligera, evitar las purgas demasiado enérgicas, usar exclusivamente laxantes y calmar las crisis dolorosas con antiespásticos.

Eventualmente pueden tomarse vitaminas, fermentos lácticos y sufaguanidinas.

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