Molestías musculares y tendinosas del deportista

Dolores musculares y tendinosos del deportista

Los dolores o molestias musculares y tendinosas son extremadamente frecuentes en la práctica deportiva.

La multiplicación de los esfuerzos en el curso del entrenamiento o de la competición, basta para que se produzcan la mayor parte de ellas.

Esta noción de frecuencia puede inducir a considerarlos banales, y por ello, de poca importancia, lo que es un error.

Si bien es cierto que la mayoría de estos accidentes son de poca gravedad y no merecen por lo general, más que el calificativo de accidentes, su desconocimiento, su negligencia o un tratamiento inapropiado pueden empeorar notablemente las consecuencias y agravar singularmente el pronóstico y la evolución.

Por otra parte, la repetición anormal de tales incidentes debe despertar siempre sospechas e invitar a la búsqueda de una deficiencia en sus orígenes.

Que este incidente sea técnico o dietético, o que se sitúe a nivel de entrenamiento, su descubrimiento y corrección serán las mejores garantías para evitar la reincidencia.

Los accidentes musculares

interior de un músculo

Se pueden distinguir entre dos tipos:

  1. Los accidentes musculares traumáticos.
  2. Las distonías musculares.

1) Los accidentes musculares traumáticos

Su patología es variable y no siempre precisa, pero se encuentran un cierto número de factores que la favorecen tales como el frío, un calentamiento insuficiente, la fatiga o un error dietético.

Según la naturaleza del traumatismo conviene distinguir entre las dolencias traumáticas externas y internas.

Externas

La contusión sobreviene en un músculo en fase de contracción intensa, lo que explica que en lugar de la contusión propiamente dicha se registre, a menudo, un auténtico desgarro muscular, del que comparte la sintomatología, la evolución y el tratamiento.

Internas

Aquí es el propio músculo el que genera el traumatismo por una contracción demasiado intensa, demasiado brusca o asincrónica.

Los músculos antagonistas pueden lastimarse al igual que los agonistas.

Según el grado de lesión, se distinguen tres formas anatomo-clínicas:

  1. La elongación.
  2. La ruptura fibrilar.
  3. El desgarro.

1) La elongación

El dolor es súbito, pero la impotencia funcional es total.

No es más que una simple molestia dolorosa que, en ocasiones, permite el esfuerzo con el consabido riesgo de las lesiones.

Durante la palpación, el músculo está moderadamente contraído, sensible en su conjunto, pero sin un punto preciso de dolor.

En descanso, el dolor desaparece y sólo la movilización activa lo reanuda.

Es una dolencia funcional sin lesión anatómica en la que la evolución es rápida y espontáneamente favorable.

2) La ruptura fibrilar

En este caso algunas fibras musculares se rompen, existiendo una lesión anatómica.

El dolor es vivo y brutal, la impotencia funcional importante.

Durante la palpación el músculo es sensible en su conjunto, pero existe siempre un punto doloroso preciso.

La aparición de una equimosis, en ocasiones en declive, indica la presencia de un hematoma.

El dolor es permanente tanto en reposo como en movimiento, aunque en este último caso se exacerba.

3) El desgarro

Constituye el estadio más grave y en él numerosas fibras musculares se rompen.

Sin embargo, sólo en casos excepcionales es total.

El dolor es extremadamente brutal e intenso, la impotencia funcional completa obliga a detener inmediatamente la actividad y, en algunas ocasiones, a inmovilizar todo el miembro.

El examen revela a menudo un aumento moderado de volumen del grupo muscular interesado.

La palpación suave detecta la fluctuación del ematoma, que confirmará la aparición de una equimosis precoz y desgarro, a la altura de la zona de la lesión.

La evolución de este hematoma puede darse de tres maneras diferentes:

Lo normal es advertir la organización fibrosa, que se traduce en la percepción de un pequeño nódulo duro bien delimitado.

La persistencia de esta cicatriz fibrosa, y por tanto no elástica, expone, ante todo, a una reincidencia cuando se reanude la actividad.

Más raramente el hematoma se calcifica.

Las manipulaciones locales precoces y bruscas parecen favorecer esta evolución.

Excepcionalmente se puede producir el enquistamiento del hematoma.

La palpación percibe una masa fluctuante profunda y tensa, cuya punción hace brotar la sangre coagulada.

El tratamiento terapéutico será diferente según el tipo de dolencia muscular.

El conocimiento de las lesiones permite comprender porqué la elongación no merece más que un tratamiento breve y simple, en tanto que la contusión, la ruptura fibrilar y el desgarro necesitan una terapéutica adecuada a cada caso concreto.

Tratamiento terapéutico

médico vendando el pie de una paciente

Para la elongación

El reposo relativo es suficiente.

La evolución espontánea se considera favorable cuando mejora la vascularización local mediante compresas calientes, masajes con pomadas revulsivas, electroterapia o diatérmica.

Para la contusión, ruptura fibrilar y desgarro

Ante todo hay que suspender la actividad, llegándose incluso a la inmovilización.

Como siempre ocurre en traumatología el reposo será la regla de oro para evitar que se agraven las lesiones.

A continuación, es preciso procurar que el hematoma quede limitado para favorecer su re-absorción mediante hielo (que tendrá también un efecto analgésico), y la administración local y general de alfa quimotripsina y eventualmente, se utilizarán micro relajantes.

Tras esta fase inicial que dura dos o tres días, y en la que ninguna otra terapéutica debe ponerse en práctica, el nódulo cicatricial derivará hacia la fibrosis.

Entonces, se debe intentar «remuscularizar» esta cicatriz.

Esta será la misión de los agentes vasodilatadores (radiaciones de alta frecuencia, ondas cortas, ondas centimétricas), masajes suaves y no traumatizantes, se podrá ayudar con la ionización yodada local y la infiltración de corticoides suaves.

La persistencia del nódulo fibroso o su evolución hacia una calcificación, motivo de reincidencias, necesitan la intervención quirúrgica de este verdadero cuerpo extraño intramuscular.

Cualquier otro tipo de tratamiento se expone al riesgo de que se repitan las distansiones y desgarros.

El enquistamiento precisa la punción o el trocar.

Cuando la restauración anatómica definitiva se ha consumado, y solamente en este momento, empieza la indispensable fase de re- educación del músculo.

El músculo que ha estado en reposo se atrofia, y ello de manera más importante y más rápida en el caso de los deportistas, que en el de las personas normales.

No tratar esta amiotrofia comporta, no solamente una disminución de la capacidad del músculo y una notable molestia técnica, sino también trastornos estáticos responsables de dolores articulares, es decir, secuelas de la lesión.

Esta re-educación debe ser activa y llevarse a cabo en sesiones cortas repetidas y no fatigantes.

Solamente tras la restitución anatómica y funcional total se puede autorizar la reanudación de la actividad deportiva normal.

2) Las distonías musculares

masaje muscular en la pierna

Los calambres

Son contracciones espontáneas e involuntarias que afectan a un músculo aislado o a un grupo muscular, van acompañadas de dolor y entrañan una impotencia funcional total.

El factor desencadenante inmediato es de tipo metabólico y está relacionado con la acumulación anormal de productos del catabolismo durante el ejercicio.

Movilización pasiva y masajes mejoran el estado agudo, pero un tratamiento preventivo debe evitar las reincidencias.

Ciertas medidas dietéticas pueden influir en el factor metabólico pero será especialmente un entrenamiento bien dirigido y dosificado lo que permitirá adaptar la musculatura a los esfuerzos que se le exijan.

Las contracturas

Localizadas o generalizadas, menos intensas que los calambres, permiten continuar la actividad, pero constituyen un verdadero obstáculo funcional.

Pueden ser también resultado de un mal entrenamiento, pero pueden evidenciar una disquinesia articular o un trastorno estático.

Los tratamientos sistemáticos locales permiten calmar los fenómenos dolorosos, pero debe localizarse la etiología y corregir las anomalías para prevenir las reincidencias.

Las tendinitis

Cada vez con mayor frecuencia en los medios deportivos se presentan como un problema terapéutico delicado.

Necesitan siempre períodos bastante dilatados de inactividad, merecen un estudio atento ya que en algunas de sus formas son efecto de negligencias o malos tratamientos, y pueden ocasionar severas complicaciones o evolucionar hacia una afección crónica.

Su patogenia sigue siendo imprecisa pero en la actualidad se admite la responsabilidad de un cierto número de factores:

La mala vascularización del tendón es un hecho bien conocido.

El tendón está irrigado, sobre todo por el líquido intercelular, siendo la zona de inserción perióstica la peor vascularizada.

La naturaleza de los micro-traumatismos repetidos está en relación con la intensidad o totalidad de las tensiones que se efectúan.

Estas sobrecargas de trabajo y microtraumatismos comportan lesiones de degeneración con necrosis (estado de tendinosis).

La insuficiencia de vascularización local no permite la regeneración y las reacciones de inflamación secundaria aparecen en el tendón o en sus alrededores, lo que comporta dolores (estado de tendinitis), los trastornos estáticos, que provocan o acrecientan las sobre-tensiones tendinosas.

Estos trastornos deben buscarse sistemáticamente ante ciertas localizaciones o repetición de los accidentes.

La inadaptación al entreno en el caso de las personas jóvenes que provoca un desarrollo rápido del sistema muscular, mientras que influye poco sobre el desarrollo del elemento tendinoso, tendiendo de esta forma a una desproporción relativa entre el sistema motor y el sistema de transmisión.

La carencia del aporte hídrico que se observa frecuentemente en el caso de personas que presentan una tendinitis.

Según su localización cabe distinguir tres clases de trastornos tendinosos:

  1. Las teno-periostitis de inserción.
  2. Las teno-sinovitis.
  3. Las tendinitis propiamente dichas.

1) Las teno-periostitis de inserción.

Se localizan a nivel de los músculos con inserciones relativamente largas, especialmente en el caso de los tenistas (epicondilitis, codo de tenista), los lanzadores de jabalina (codo de lanzador de jabalina), los futbolistas (inserción superior de los abductores) y los gimnastas (deltoides).

Radiológicamente, la evolución se efectúa en dos etapas.

Aparición de una imagen difusa perióstica, que en una segunda etapa va acompañada de imágenes del tipo espinas o espículas ósteo- periórteas.

Asimismo, pueden observarse la existencia de pequeñas calcificaciones intra- tendinosas que interesan la zona de inserción.

2) Las teno-sinovitis.

Se observa a nivel de los tendones largos ajustados en el interior de vainas pocos extensibles y sometidos a tensiones excesivas por movimientos cortados y repetidos.

Se da esencialmente en los casos de los jugadores de balónvolea y los levantadores de pesas (biceps largo), y en el de los gimnastas (flexores palmares).

El dolor es localizado y la palpación pone en evidencia un cordón duro, tenso y doloroso cuando se presiona, que responde al trayecto de la vaina tendinosa afectada.

3) Las tendinitis propiamente dichas.

Se observan en los tendones de gran volumen, especialmente en el tendón de Aquiles y tendón de la rótula.

La causa es siempre un trastorno estático secundario complicado con un agotamiento funcional.

Las dolencias del tendón de Aquiles (saltadores, corredores), se deben a calzados sin talón y a que las puntas de éstos se hunden de forma incompleta.

En los casos de tendón de rótula (jugadores de baloncesto, de balón volea, levantadores de pesas) se debe a la semiflexión de las piernas.

De forma esquemática evoluciona en dos etapas.

Inicialmente, el dolor está localizado en la zona de conjunción músculo-tendinosa, por encima del tendón propiamente dicho que permanece poco doloroso, con una consistencia y volúmen normales.

De forma secundaria se observa un espesamiento y anquilosamiento del tendón en el interior del cual aparecen pequeños nódulos duros y en algunos casos dolorosos.

En la radiografía, se objectiviza la presencia de calcificaciones situadas en pleno tendón.

A pesar de su mecanismo diferente, las tendinitis de rótula están muy próximas del cuadro de las enfermedades de Osgood-Schaltter de Pellegrini-Streda y de Hoffa, cuya sintomaología es muy parecida.

Un tratamiento poco cuidadoso de la tendinitis expone a complicaciones más importantes: como la rotura tendinosa.

Tal afección se manifiesta por un dolor vivo y brutal con impotencia funcional total, acompañada en ocasiones de caída y una sensación de crujido.

La palpación objetiviza una muesca en el trayecto del tendón.

La retracción muscular es excepcional, ya que la rotura es casi siempre parcial, dejando intacta una porción de tendón o de funda.

El interrogatorio descubre siempre antecedentes dolorosos a la altura de este tendón.

Tratamiento

El tratamiento terapéutico debe adaptarse a cada tipo de lesión.

En todos los casos deben tomarse dos precauciones:

  • Suspensión de toda actividad.
  • Búsqueda de una causa desencadenante, trastorno estático o deficiencia técnica cuya sola supresión permite evitar reincidencias.
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