La cebolla y la tos

Para la tos, la cebolla es muy recomendable.

Expectorando se calma, la acidez es muy expectorante.

Se toma en forma cruda en la ensalada, o bien comida con pan.

Para que haga más efecto curativo y expectorante, se debe rallar con un rallador de queso.

Por la parte del rallador que ralla muy fino se obtiene un zumo de las fibras de la cebolla, se cuela dentro de un vaso o taza y se toma rápidamente con el zumo de un limón.

Cuantos más se toman, mejor, pues tanto el zumo del limón como el de la cebolla son altamente regeneradores de los bronquios y de todo el aparato respiratorio.

La cebolla, como el limón, contiene mucha cantidad de agua, pero en esta agua es donde la naturaleza ha puesto lo más medicinal, lo más curativo, en su “quinta esencia” de cualidad de ácidos y álcalis depurativos, oxidantes, expectorantes y microbicidas.

Bebiendo entonces su agua fisiológica hay bastante, porque sus fibras y tejidos no hay necesidad de ingerirlos.

Si se encuentra fuerte o muy ácido (depende eso del paladar de cada uno), se le puede agregar un poco de agua y miel, o bien azúcar, o un poco de confitura.

No hay que tomar la cebolla o el limón como si fuera una píldora o como una medicina reducida a unas gotas, al contrario, hay que tomar cantidad, como si fuera un lavado, y en total de dos a tres litros al día, y siempre en ayunas, nunca después de las comidas, pues no haría un verdadero efecto curativo.

También se puede tomar la cebolla cocida, asada, hervida, en forma de puré.

Naturalmente, a quien le agrada comer la cebolla entera, que la coma cruda, o hervida (cebolla y caldo), y a los que les guste en combinación con ensalada, que le agreguen lechugas, ajos, rabanitos, zanahoria o hinojo o escarola, con zumo de limón, un poco de aceite y aceitunas.

En lo referente a lo cocido, lo más práctico es tomar la cebolla, bien cocida, junto con su caldo y unas gotas de aceite, o bien con miel y el zumo de dos o tres limones en cada plato.

Al cabo de 24 ó 48 horas la tos cesa.

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