La piel y sus funciones

La piel, que establece el límite entre el interior del hombre y el ambiente o mundo externo, no es tegumento inerte, sino un órgano neurovascular eminentemente sensible y delicado.

Epidermis

La epidermis está constituida por varias capas o estratos, una capa córnea que se descama continuamente, una capa transparente, una capa granulosa, el cuerpo de Malpighi y la capa generatriz.

Dermis

La dermis se compone de una capa de tejido conjuntivo muy laxa superficialmente, que se vuelve más apretada y compacta, y de consistencia casi fibrosa a medida que alcanza más profundidad.

Sensaciones

Los nervios receptores de las sensaciones cutáneas pasan a través de las papilas, donde se ramifican y constituyen un finísimo retículo situado entre las células que forman las capas basales de la epidermis.

Las sensaciones táctiles son recibidas en puntos determinados de la piel (yema de los dedos, punta de la lengua, palma de las manos, órganos genitales, etc.), donde se encuentran las terminaciones nerviosas convertidas en verdaderos receptores especializados.

Las sensaciones térmicas son recibidas por los corpúsculos de Krause las de frío, y por los corpúsculos de Ruffini las de calor.

Las sensaciones dolorosas se captan por las terminaciones dermoepidérmicas.

Todos estos influjos nerviosos circulan a través de los nervios superficiales y llegan a la médula espinal para alcanzar finalmente los centros nerviosos.

Las glándulas de la piel

La piel es el asiento de la secreción del sudor, el cual se debe a la presencia de un gran número de pequeñas glándulas sudoríparas, cuyo conducto excretor se abre por un poro en la superficie de la epidermis.

El sudor se produce continuamente de modo inapreciable, excepto cuando se realiza un gran esfuerzo o sube la temperatura ambiente, en cuyo caso la secreción es considerable.

La cantidad de sudor oscila de 500 a 1.000 gramos cada veinticuatro horas, variación que depende de diversas influencias como el trabajo muscular, temperatura ambiente, alimentación, ración de agua, estado de la circulación periférica, sistema nervioso e influencias sexuales.

El sudor tiene una composición química sensiblemente parecida a la de la orina y ejerce su misma función: depurar y deshidratar la sangre.

Además, regula el calor animal y tiene gran importancia en la desinfección de la piel y en la disminución de gérmenes.

La acidez del sudor nos protege contra las influencias exteriores y los parásitos patógenos.

Parece ser que los agentes microbianos, sin que pierdan su carácter por ello, son tan sólo un elemento de los que intervienen en las enfermedades de la piel.

El microorganismo sólo se desarrolla a favor de condiciones de predisposición, entre las cuales se hallan los trastornos de la secreción del sudor y, en particular, la falta de evaporación y la alcalinidad del mismo.

Las glándulas sebáceas, situadas en general en la base de los pelos, segregan una sustancia grasa, el sebo.

Los quistes sebáceos (lobanillos o lupias ) del cuero cabelludo, se deben a la oclusión del orificio de salida de la glándula y a la retención progresiva de los produo-tos segregados.

La secreción sebácea desempeña un papel protector de los tegumentos.

Actividades

La piel es un órgano complejo con actividades nerviosas, vasculares y excretoras, ya que es la vía por donde se eliminan cierto número de sustancias tóxicas; absorbe por ósmosis, recibe y emite diversas radiaciones, respira y protege los tejidos contra los ataques de los microbios.

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