La alimentación en el organismo

En condiciones normales el organismo debe funcionar sin necesidad de cuidados especiales.

A la espera de que se cumplan estas condiciones que no son tan incompatibles con los imperativos de la vida moderna como a menudo se cree, resulta indispensable realizar un esfuerzo particular con el fin de determinar urgentemente cuál es la alimentación más adecuada para alcanzar un nuevo equilibrio biológico.

Los alimentos deben poseer varias cualidades y responder a ciertos requerimientos para ser una fuente de energía.

Estos tienen que permitir la reconstitución de la células gastadas y el mantenimiento del potencial energético, en una palabra, aportar al organismo todo lo que éste necesite para su protección, reparación y actividad.

Si se quiere conseguir una alimentación más correcta, se ha de conceder más importancia a la calidad que a la de cantidad.

La ignorancia de este criterio fundamental conduce a numerosos errores y aberraciones.

Proteínas

Cuando se asegura que los alimentos deben ser ricos en proteínas, es necesario precisar que, en la escala de valores, las proteínas vegetales poseen un valor muy superior al de las proteínas de origen animal.

Por ello, la indicación del contenido en proteínas de un alimento no representa el verdadero valor de éste.

Por otro lado conviene señalar que las proteínas de los alimentos cárnicos pueden dar lugar a los venenos más temibles para el organismo (urea, sobre todo), mientras que la proteína vegetal no representa ningún peligro, a no ser que aparezcan ciertos trastornos graves, lo cual es muy poco frecuente.

Hígado

El animal carnívoro está provisto de un hígado capaz de neutralizar importantes cantidades de productos tóxicos.

La capacidad del hígado humano más complejo y delicado es menor en este aspecto, haciéndose necesaria por ello la colaboración de otras funciones para liberar al organismo de los productos tóxicos.

El hígado de los animales carnívoros se basta por sí solo para lograr este objetivo y no tiene necesidad de emuntorios anejos, como las glándulas sudoríparas, por ejemplo, a las que debe recurrir el organismo humano para eliminar ciertos desechos tóxicos.

Peligros

El organismo humano no sólo está insuficientemente dotado para eliminar los desechos de los alimentos cárnicos, sino que la transpiración de quien come carne desprende un olor claramente más intenso que la de quien se abstiene de ella.

La sobrecarga tóxica, al igual que el estado de carencia puede ser el origen de trastornos orgánicos que terminen convirtiéndose en auténticas enfermedades.

Son pues peligrosos los alimentos cargados de elementos tóxicos o potencialmente tóxicos, y los alimentos desnaturalizados y desequilibrados.

Sistema digestivo

Todos los análisis de células de órganos dañados demuestran que éstos están afectados por una carencia, a veces total, de sílice, un elemento protector de la máxima importancia.

Se ha de señalar que tal sílice se sitúa sobre todo en la parte externa de los vegetales, especialmente de los cereales, y que un cernido excesivo tiene como consecuencia la eliminación de esta substancia tan preciosa.

No se puede juzgar un alimento por las reacciones inmediatas del sistema digestivo.

No es lo que comimos ayer lo que nos ha hecho enfermar, sino lo que venimos asimilando desde hace meses o años.

Incluso en el caso de una indigestión, no siempre es correcto atribuir la causa a un alimento, es simplemente consecuencia de un brusco enrarecimiento de la bilis o de una modificación de ésta por razones de orden físico o psíquico.

Tampoco la aceptación de ciertos alimentos por parte del organismo puede establecerse como criterio infalible de selección.

Habituado a alimentos desnaturalizados y adulterados, el organismo ha podido adaptarse a ellos, y es precisamente el restablecimiento de una alimentación conveniente lo que puede dar lugar a trastornos aparentes.

La degeneración del organismo humano, debida precisamente a desviaciones alimentarias, ha situado a éste en las peores condiciones de defensa y ha hecho disminuir su capacidad de reacción.

Alimentos

El campo de la alimentación se divide en dos grandes apartados, el de los alimentos vivos y el de los alimentos muertos.

Aquéllos para quienes únicamente son válidos trabajos de laboratorio se preguntarán cómo se puede controlar la vida o la muerte en un alimento si ningún aparato lo puede discernir.

A éstos se les ha de responder que tampoco se puede averiguar en un laboratorio si un hierro está imantado o no, ni distinguir un huevo fecundado de otro que no lo está, ya que la vida no se presta a las exigencias de los aparatos de medida.

La experimentación humana cuenta actualmente con los datos y la perspectiva de tiempo suficientes para poder afirmar el valor preponderante de aquellos alimentos que han sufrido el menor grado posible de desnaturalización.

Cualquier intervención química, en cualquier fase que se produzca, modifica el alimento al intervenir en la cadena de sus componentes.

El éxito que corona la proliferación de las tiendas de productos naturales garantizados, demuestra ampliamente que los consumidores comienzan a darse cuenta de la influencia de la alimentación sobre su salud.

Vegetales

Está ampliamente demostrado que una alimentación con predominio de productos vegetales y con el complemento a veces facultativo de algunos subproductos de origen animal (quesos, huevos, miel), es la más favorable para el mantenimiento o restablecimiento de la salud.

En principio deben poder incluirse en los menús todos los vegetales, pero si alguno de ellos no se acepta bien, conviene descartarlo provisionalmente hasta que se pueda apreciar y digerir con normalidad.

Durante este período de readaptación debe evitarse cualquier brusquedad.

Al principio hay que escoger de entre la serie de alimentos que resulten más agradables al paladar y al estómago y en la conveniencia de hacer los menús lo más variados posibles.

Variedad en los vegetales, frutas y verduras propios de la estación, variedad en los cereales, los cuales deben figurar casi a diario en la mesa, de una manera o de otra, sin olvidar ninguno (trigo, harina integral o cernida al 85%, arroz integral, cebada descascarillada, alcuzcuz, mijo, copos de avena, maíz, centeno, trigo sarraceno en harina o en granos descascarillados, pastas completas, etc ).

Se puede tomar una papilla de trigo molido (con un cucharadita de miel y otra de puré de almendras) como desayuno; o bien, arroz, mijo o trigo sarraceno en la comida de mediodía, e incluso cebada descascarillada, alcuzcuz o pastas completas en una sopa de verduras por la noche.

Sobrealimentación

Recordar sin embargo que la sobrealimentación no es nunca beneficiosa, y que incluso de un alimento sano puede derivarse un producto tóxico cuando se hace trabajar excesivamente al hígado, ya que entonces no puede asegurar las transformaciones convenientes.

En materia de alimentación no existen detalles sin importancia.

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